La Iglesia de Cristo y la iglesia de satanás

23 junio, 2013

En este breve texto de 3 páginas, Plinio Correa de Oliveira (fallecido en 1995) responde algunas preguntas respecto a la masonería, aborda el apoyo incondicional de Pablo VI a esa secta y muestra cómo en último análisis, el demonio constituyó su propia “iglesia” (así lo enseña también Santo Tomás de Aquino).

pablo vi mason

LEA AQUI LA ENTREVISTA: “La Iglesia Católica y la masonería”


Lutero: no y no

2 noviembre, 2012

Por Plinio Correa de Oliveira, publicado en la Fohla de Sao Paulo, 1983.

” Cristo – dice Lutero – cometió adulterio por primer vez con la mujer de la fuente, de que nos habla Juan. Eso se murmuraba en torno a él: ” ¿Qué hizo, después, con ella?”. Más adelante con Magdalena, después que con la mujer adultera, que absolvió tan livianamente. Así, Cristo, tan piadoso, también fornicó, antes de morir “

Tuve el honor de ser, en 1974, el primer signatario dentro de un manifiesto publicado en los principales diarios de Brasil y reproducidos en casi todas las naciones en donde existían entonces once TFPs. Su título: “La política de distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas. Para la TFP: ¿abstenerse? ¿O resistir?”

En él, las entidades declaraban su respetuoso desacuerdo de cara a “Ostpolitik” conducido por Pablo VI y expugnaban pormenorizadamente sus razones para ello. Todo, dicho de paso, expresado de manera tan ortodoxa que nadie suscitó a propósito cualquier objeción.

Recordé esta frase con especial tristeza, leyendo una carta escrita por JPII al cardenal de Willebrands (Osservatore Romano 6-11-83), a propósito del quingentésimo aniversario del nacimiento de Martín Lutero, y firmada en el día 31 de octubre p.p., fecha del primer acto de la rebelión de la herejía, en la iglesia del castillo de Wittenberg. Está ella marcada de tanta benevolencia y amenidad, de que me pregunté si el destinatario se olvida de las blasfemias terribles que los apóstatas lanzaran contra Dios, Cristo Jesús Hijo de Dios, o el Santísimo Sacramento, la Virgen María o el propio Papado.

Lo cierto es que él no las ignora, pues están al alcance de cualquier católico culto, en libros del buen quilate, que todavía no son hoy difíciles de conseguir.

Tengo en la mente dos de ellos. Uno, nacional uno, es “La iglesia, la Reforma y la Civilización “, del gran jesuita Pe. Leonel Franca. Sobre el libro y el autor, el silencio eclesiástico oficial va a bajar el polvo. El otro libro de los más conocidos historiadores franceses de este siglo, de Funk-Brentano, miembro del instituto de Francia, y a propósito se sospecha protestante.

Máscara mortuoria original de Martín Lutero en la Marktkirche (Iglesia del Mercado) en Halle/Saale. La máscara está hecha de cera y está en la Iglesia desde 1546.

Comencemos por citar los textos de la obra de este último: “Lutero ” (Grasset, París, 1934, 7ª ed., 352 pp). Vamos directamente a esta blasfemia sin nombre: ” Cristo – dice Lutero – cometió adulterio por primer vez con la mujer de la fuente, de que nos habla Juan. Eso se murmuraba en torno a él: ” ¿Qué hizo, después, con ella?”. Más adelante con Magdalena, después que con la mujer adultera, que absolvió tan livianamente. Así, Cristo, tan piadoso, también fornicó, antes de morir ” (Propos de table “, del nº 1472, del ed. de Weimar 2107 – cfr. op. cit.pag 235). Leer el resto de esta entrada »


Santa Clara de Asís

13 agosto, 2012

Selección biográfica:

Santa Clara de Asís, Simone Martini, S XIII

Cuando Francisco de Asís predicaba en la Iglesia de San Jorge, una joven de familia noble, lo escuchaba con su madre y hermana. Clara escuchó esas palabras y comprendió que San Francisco debía ser el guía de su alma. Ella confió este deseo a su tía, quien fue con ella a Santa María de los Ángeles para hablar con San Francisco. ¿Quién puede decir lo que pasó en el alma del Seráfico Padre durante esa primera entrevista con la mujer que iba a ser su asistente en las tareas que el cielo había designado a él realizar?

Francisco reveló a Clara las bellezas de la Esposa celestial y la excelencia de la virginidad. A continuación le describió a ella lo que más apreciaba en su corazón: el poder y el encanto de la pobreza y la necesidad de la penitencia. Clara escuchaba, asombrada y entusiasmada; y el divino llamado le tocó el corazón. En poco tiempo, su decisión estaba tomada. Ella rompió todos los lazos con el mundo y se consagró a Dios.

En la noche de Domingo de Ramos del 17 de marzo 1212, ella salió secretamente de la casa de su padre y con algunas compañeras se dirigió a Santa María de los Ángeles, la iglesia de la Porciúncula. San Francisco y sus hermanos que se reunieron acompañándolas por su camino con antorchas las condujeron a la iglesia. En esa noche se realizó el matrimonio espiritual de Santa Clara. Francisco le preguntó qué quería, y ella respondió: “Quiero al Dios del Pesebre y del Calvario. No deseo otro tesoro o herencia”.

Mientras que Francisco le cortaba el cabello, ella se despojó de todas sus joyas preciosas y adornos, y recibió el rudo hábito, el cinturón, y el velo humilde y se consagró totalmente a Dios.

 

Comentarios del Prof. Plinio Correa de Oliveira:

Se puede admirar la belleza de la escena. En la pequeña ciudad medieval de Asís, un cortejo de damas jóvenes huye de la casa de sus familias, que quieren impedir su sacrificio. En silencio y con cautela caminan a través de las sinuosas calles de Asís para no llamar ninguna atención. Ellas salen de la ciudad; y en los campos que separan Asís del Monasterio de Santa María de los Ángeles, ellas se reunieron con otro cortejo. Este segundo cortejo es aún más celestial que el primero. Se trata de San Francisco de Asís, que era otro Cristo en la tierra, que era incluso parecido físicamente a Nuestro Señor Jesucristo.

Santa Clara siendo recibida por San Francisco

Santa Clara siendo recibida por San Francisco

Portando antorchas, San Francisco y algunos de esos santos que le ayudaron a fundar la Orden Franciscana caminan para recibir a esas vírgenes. Los cortejos se unen y entran juntos en la Iglesia de Nuestra Señora. El grupo se reúne en su interior en un círculo. Santa Clara renuncia a todo.

Entonces, San Francisco le corta el cabello en cuanto ella da el paso definitivo de lo que sería el nacimiento de la Orden de las Clarisas. De ese paso dependía toda la Orden Segunda de los Franciscanos, que dio tantos santos a la Iglesia Católica y a la gloria de Dios a través de los siglos.

Santa Clara dejó todo para entrar en un convento en un momento en que, en muchos aspectos, la Iglesia estaba en su apogeo. Hoy en día, somos testigos de la Casa de Dios agrietada, la dignidad de los ministros de Dios arrastrada en el lodo, las religiosas ya no usan más el velo, la vida religiosa se ​​desintegró. ¿Este espectáculo trágico nos deja indiferentes? ¿Estamos más preocupados por nuestro trabajo, en ganar dinero, comprar un coche nuevo y ropa nueva, o de la adquisición de más comodidades para nuestro hogar? Si es así, ¿dónde está nuestra fe? ¿En qué creemos? ¿Qué es lo que tomamos en serio?

Un católico que carece por completo de seriedad puede poner su vida personal por encima del dolor que representa para la Iglesia Católica esta extrema situación religiosa. En realidad, representa otra Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Hoy la Iglesia está crucificada. Ella no muere porque no puede morir; de lo contrario ya habría expirado.

Por lo tanto, en este día de Santa Clara, imitemos su dedicación y confirmemos nuestro compromiso de ofrecer nuestras vidas para luchar contra el progresismo en la Iglesia, que es el peor enemigo que jamás haya tenido a lo largo del tiempo. Nunca una causa ha tenido tan pocas personas para luchar por ella. Esto es suficiente para caracterizarla como la lucha más gloriosa en la historia.

Hablando de los pilotos que lucharon en la Batalla de Londres y que salvaron a la ciudad de los bombardeos nazis, Churchill dijo: “Nunca les fue dado tanto a tan pocos”. En el Juicio Final, Nuestra Señora sin duda va a decir algo similar de quienes lucharon por Ella en la hora presente.

Pidamos a Nuestra Señora y a Santa Clara que llenen nuestras almas con el espíritu de dedicación por la causa de la Santa Madre Iglesia.


Almas delicadas sin debilidad, fuertes sin brutalidad

1 mayo, 2012

Si en la era del romanticismo la opinión pública se inclinaba para las almas delicadas, sutiles, frágiles, exageradamente delicadas, exageradamente sutiles, diríamos exageradamente frágiles si la fragilidad ya no fuese en sí misma un defecto y una exageración, en nuestros días, cuando la lucha por la vida del alma y del cuerpo imponen un esfuerzo incesante, la admiración se vuelve más frecuentemente para las almas poderosas, fuertes, realizadoras, enérgicas. Y, como todo cuanto es humano está sujeto a la exageración, somos propensos no raras veces a glorificar las fuerza física de los boxeadores y atletas, o la fuerza casi hipnótica de ciertos dictadores, como valores absolutos y supremos.

En esto, como en todo, un sano equilibrio se impone. Y de este equilibrio la Iglesia Católica es maestra, fuente de toda virtud.

Entre la fuerza y la delicadeza de alma no hay incompatibilidad, desde que una como la otra sean entendidas rectamente. Y un alma puede al mismo tiempo ser delicadísima sin ninguna flaqueza y fuertísima sin ninguna brutalidad.

A bien decir, no hay en Brasil persona piadosa que no haya leído “El Alma de todo Apostolado”, de Dom Chautard, el famoso abad trapista que vivió algún tiempo en nuestro país, donde intentó -en vano, infelizmente- fundar un monasterio de su orden en Tremembé, Estado de São Paulo. Leer el resto de esta entrada »


¿Cómo puede el mundo odiar a Aquel que pasó haciendo el bien?

24 febrero, 2012

(Extraordinaria reflexión para Cuaresma de Plinio Correa de Oliveira)

La foto reproduce un cuadro de Lucas Cranach, el viejo ( Siglo XVI ), conservada en el Museo de Gand: “La coronación de espinas”. En torno del Divino Redentor, maniatado y revestido de una púrpura de irrisión, se agrupan cinco figuras. En el primer plano, un hombre le extiende una vara a manera de cetro y, al mismo tiempo, en un saludo caricaturesco levanta el gorro y le saca la lengua. Al lado, otro alarga la boca en actitud de escarnio. Los demás, al fondo, se empeñan en fijar en la cabeza adorable del Salvador, a manera de corona, un inmenso gorro de espinas. En el centro, el Hijo de Dios, da muestras de dolor físico, mas sobre todo, de intenso sufrimiento moral, que supera el tormento corporal, y absorbe enteramente a la Víctima divina. Se diría que Nuestro Señor sufre con el rencor de estos miserables verdugos. Sin embargo, ese odio no es sino una pisca de un inmenso océano de rencor que se entiende, por así decir, más allá, hasta los confines del horizonte. Y es por ese océano que la mirada de Jesús se prolonga en dolorosa meditación. Leer el resto de esta entrada »


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